Terminé mi trago y me fui a casa. Apenas llegué, fui a la habitación de mi madre y me acurruqué a su lado. Ella me abrazó como si fuera lo más normal del mundo que su hija adulta se metiera en su cama a mitad de la madrugada. Acarició mi cabello, y yo me derrumbé, rompiendo en llanto. —Lo siento, lo siento por ser una hija terrible, por gritarte siempre y enojarme por todo, cuando tú no has hecho más que amarme. Me criaste sola, y eres la mujer más fuerte que conozco. Tú, Hades y los tíos son lo más importante en mi vida. Juro que daría mi vida por ustedes —dije entre sollozos. Ella me abrazó aún más fuerte y me consoló sin preguntar qué me pasaba. Continué llorando hasta que no quedaron más lágrimas que derramar, y finalmente me quedé dormida en sus brazos. Había leído una vez que, sie

