No supe en qué momento me desconecté y dejé salir a la bestia lujuriosa que solo la quería a ella, a sus pliegues calientes y dulces que allané, que acaricié con la punta de la lengua, que separé para poder introducirme en su pequeño agujerito y meter la lengua con ardor, abriendo su anillo, dilatando su canal, hasta que la abrasión en las entrañas pudo con mi psique y le arrebaté mil jadeos. Sus caderas se movieron, una de sus manos se fue a mi cabeza, mientras mi boca, insaciable, se hizo con su sexo, con su clítoris hinchadito que amaestré con los labios, que maniaté con los dientes e incité al crear espirales que ascendieron por su cuerpo. Envié descargas eléctricas desde de su coño, desde el vértice de su placer hasta reventar en sus extremidades rígidas que se doblaron por la excita

