Me alejó de su pecho, sin soltarme la cara y me miró con alegría. ―Sí, mi amor, soy tu mami, soy tu mami ―aceptó emocionada. Me tocó el rostro con devoción, algo en ella despertó y no se contuvo, su excitación por escuchar cómo la llamé la incitó a besarme la cara, a llenarme de besos la frente y las mejillas. Se separó y tragó saliva con fuerza, me vio por un segundo y asintió. ―Mami te pondrá bien, mi pequeño. Mami hará que estés saludable, mami cuidara de su bebé ―dijo con convicción y se quitó de mi lado, me soltó por un segundo en el que se puso en pie. Se ajustó la ropa porque con el roce de mi cabeza entre sus tetas le bajé el escote. Tenía los pezones erguidos, sin embargo, su sonrisa me hizo alzar la mirada. Como pudo, se agachó y me tomó en brazos, me jaló por debajo de las

