―No seas así ―le reclamó―. Me pondré la camisa. No voy a atenderlo desnuda, además, que sepas que me voy a quedar con él. Me necesita y tú hueles muy mal ahora mismo. Mi bebé necesita a su mami ―apuntó Rose. ―¿Su mami? ―chasqueó papá con tono irónico. ―Soy su mami ―reprendió Rose que no se dejó apabullar por papá, al menos no para aquello. ―Bien, ¡cómo quieras! Sé su maldita mami, al final, tu coño sigue siendo mío, por mucho que te niegues a reconocer que soy el único hombre que pueda hacer que te corras como la perra que eres, por mucho que reniegues de los cuernos que te pongo todos los días y… El chasquido de una bofetada me hizo dar un respingo y abrir los párpados, pese a que el sueño me estaba venciendo, incluso cuando mi cuerpo estaba medio despierto por lo que los escuché hace

