Sacudí la cabeza y entré al navegador con la idea en mente de buscar, por septuagésima vez, a un actor o modelo que se le pareciera al protagonista que tenía en mente. Llevaba demasiados intentos buscando y buscando cual idiota a un hombre alto, musculoso, sensual, de cabello oscuro, gesto insondable, con los ojos oscuros y el mentón bien marcado, con la barba corta y la expresión endurecida por su carácter. Quizás estaba pidiéndole mucho a la vida, pero ¡hey!, se vale soñar. Busqué por unos minutos antes de darme por vencida, y entonces, se me ocurrió que podía entretenerme durante un cortito tiempo en algunas peculiares páginas… ¡Material didáctico! Por supuesto. Me mordí el labio inferior y pasé al buscador como «incognito». Sonreí cuando mi viejo amigo encubrió mis pecados, aunque lo

