Pegué la boca a su pecho y succioné por encima de la prenda. Rose sollozó y se arqueó para mí, entregada a la llama que prendió sus venas y sonrojó sus mejillas. Lamí, rodeé la areola y chupé con tranquilidad, sin importar cuánto me reclamara mi cuerpo por ir tan despacio, por no penetrarla en ese mismo momento. ―Mi bebé, mamá necesita… más ―articuló con dificultad, hipnotizada por mi boca, por mis labios que se cerraron entorno al pezón para estirarlo, por mi lengua que después salió para calmar el fuego que incendió sus terminaciones nerviosas. Gimió casi sin voz. Succioné con intensidad y la leche llenó mi boca. Tragué y tragué hasta que cada parte de mi cuerpo estaba prendida en llamaradas que se alzaron con cada uno de sus gemidos. También quería más. Necesitaba que se rindiera,

