Salió de su habitación sin que hubiesen discutido, al menos no los escuché. Se coló por las escaleras y llegó hasta mi habitación. Estaba medio dormido, jugando con el móvil cuando la escuché al otro lado de la puerta. Claro está, fingí estar dormido cuando entró vestida con otra bata, una más reveladora que casi no la cubría porque ni siquiera era de su talla. En puntas, caminó hasta la cama y se metió debajo de las sábanas. Pegada a mi piel, se frotó contra mi cuerpo hasta incentivar mi pene y, tras un gemido entrecortado en el que sus uñas se metieron en mi espalda, se apretó contra mi torso hasta quedarse dormida, con la pierna sobre mi cadera y su sexo caliente y desnudo tan pegado al mío, que casi pude sentir la humedad entre sus labios. Mami estaba preparada para mí, para pertenece

