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El mundo es obscuro para algunos solo que otros aman caminar entre sombras hasta que la luz y la pasión llegan a cambiarlo todo.una novela donde lo tóxico y lo inocente tratan de convivir

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1/ Lo simple de lo no tan simple
Naru En la vida de Naru nada era común. Su timidez y silencio siempre lo habían alejado de lo que un chico de su edad podría considerar una vida normal. Muchas veces su entorno, e incluso su familia, intentaron ayudarlo sin comprender que él no quería esa ayuda. Naru no era muy alto; medía aproximadamente 1,65 m. Su complexión era delgada, aunque su cuerpo estaba bien tonificado, con músculos marcados y hombros anchos. Sin embargo, lo que más destacaba era su mirada tras aquellas gafas de montura sencilla. Su cabello desordenado dejaba ver parte de su rostro, aunque pocas veces se lo veía con la cabeza levantada. Vivía con su abuela, ya que sus padres residían en las afueras de la ciudad. Ella tenía una pequeña fonda de comida que siempre estaba llena de trabajo. La ayudaba Tania, una amiga de secundaria de Naru y la única persona con la que él socializaba, por decirlo de alguna manera. A sus veinticinco años, Naru ya había terminado la carrera de Diseño Gráfico y recientemente había entrado a una reconocida agencia de publicidad, donde realizaba todo tipo de trabajos. Aquella mañana debía llegar temprano. Tenían que preparar un póster importante y terminarlo lo antes posible. Se puso una camisa gris, pantalones negros holgados, zapatillas cómodas, un saco de hilo y tomó su morral, donde guardaba la computadora y varios documentos. -¡Naru, ven! ¡Te dejas el móvil! -gritó su abuela. Él regresó corriendo a la casa. Su abuela le entregó el teléfono, le dio un beso cariñoso en la mejilla y lo despidió. Durante el trayecto llevaba los auriculares al máximo volumen. El autobús estaba casi vacío y, aunque hubiese estado lleno, probablemente ni lo habría notado. Al llegar al edificio pasó su identificación y vio que el elevador estaba a punto de cerrarse. Corrió para alcanzarlo, pero las puertas se cerraron justo frente a él. Frenó tan bruscamente que terminó cayendo al suelo. El golpe fue fuerte. Sus gafas salieron despedidas y se rompieron. -Genial... -murmuró mientras se incorporaba. Sacudiéndose la ropa, vio que el elevador de al lado se abría. Entró rápidamente y observó sus gafas dañadas. Tendría que repararlas cuanto antes; sin ellas veía con dificultad. Al llegar a su piso observó que los jefes ya estaban reunidos en la sala de conferencias. Apenas llegó a su escritorio, una compañera se acercó visiblemente nerviosa. -Naru, el hijo del jefe apareció de la nada y quiere revisar el proyecto. No pude terminar mi parte ayer. Por favor, ayúdame. ¿Qué vamos a hacer? Sin responder demasiado, Naru colocó cinta adhesiva en una de las patillas de sus gafas, tomó unos documentos y la siguió. Era tímido, pero cuando trabajaba se desenvolvía perfectamente. -Naru, la parte escrita ya está lista. Necesitamos que coloques las imágenes y las gráficas para que todo quede organizado. -Ok. Sin levantar la cabeza se sentó frente a la computadora y comenzó a trabajar. El aroma del café recién hecho flotaba por la oficina, pero él estaba demasiado concentrado para prestarle atención. -Ya es hora del almuerzo. Todos se fueron. Vamos, Naru. -No. Vayan ustedes. Termino esto y voy. Si lo dejo ahora perderé la idea... Sus compañeros intercambiaron miradas y terminaron marchándose. Naru tomó el café que estaba sobre el escritorio, pero ya estaba frío. Lo dejó a un lado y continuó trabajando. Minutos después escuchó abrirse la puerta. -Hola. Avísame cuando termines. Necesito las gráficas. Una voz grave y segura resonó detrás de él. Sin saber por qué, aquella voz le provocó un rechazo inmediato. -En diez minutos estará listo. Lo subiré al sistema de la empresa. -Debo esperar diez minutos... Que sean cinco. Naru frunció ligeramente el ceño. Cuando levantó la vista, aquella persona estaba inclinada sobre su hombro. Demasiado cerca. El aroma masculino invadió sus sentidos. Sin entender qué le ocurría, bajó la mirada de inmediato. Se sentía intimidado... y extrañamente nervioso. -La reunión comienza en diez minutos -continuó la voz. Naru siguió tecleando. Cuando volvió a mirar hacia atrás, ya estaba solo. Fue entonces cuando soltó todo el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta. Diez minutos después envió el archivo al sistema. Poco después se puso de pie para estirarse y encontró a aquel hombre frente a él, sosteniendo una bolsa de papel y una botella de agua. -Toma. Almuerza. Tú presentarás el proyecto. Naru levantó la cabeza por segunda vez. -No... no. Ese no es mi trabajo. -¿Vas a dejarme aquí con la comida en la mano? -No, gracias. Pasó a su lado sin detenerse. -¡Oye! Lo escuchó a sus espaldas, pero decidió ignorarlo. Tomó el elevador y subió a la terraza, uno de sus lugares favoritos para almorzar mientras disfrutaba del aire libre y de la deliciosa comida que preparaba su abuela. Mientras daba un mordisco a su sándwich, volvió a escuchar aquella voz. -La reunión te está esperando. ¿Te crees demasiado importante como para jugar con tu trabajo? Naru continuó comiendo sin levantar la cabeza. Solo observó cómo unos costosos zapatos se alejaban. Él ya hablaba poco de por sí. Pero ahora hablaba todavía menos. Aquella sensación que le provocaba esa voz lo dejaba prácticamente sin palabras. Cuando terminó de almorzar volvió a bajar. Justo al salir del elevador recibió una llamada. Intentó responder mientras sostenía una botella de jugo abierta. En ese momento chocó accidentalmente con alguien. Parte del líquido terminó sobre un elegante traje oscuro. -Lo siento. No lo vi... disculpe. Intentó limpiar la mancha, pero una mano sujetó la suya. -Deja de tocarme. Naru se quedó inmóvil. Era esa voz otra vez. Ahora estaba frente a frente con su dueño. Sentía su calor demasiado cerca. Nada parecía funcionar correctamente dentro de él. -Lo... lo siento. Soltó la mano de inmediato. -Apártate. Naru obedeció y observó cómo el hombre se alejaba. Solo entonces notó que varias personas habían presenciado la escena. -¿Naru, estás bien? -preguntó una compañera. -Sí... tengo las gafas rotas. No lo vi. -Ah... Con razón. Estaba furioso porque no pudo presentar la reunión. -¿Quién? La chica lo observó sorprendida. -¿Quién va a ser? Kan. El nieto del dueño. Va a trabajar aquí a partir de ahora. Y te aconsejo mantenerte lejos de él. -Ok. Fue la única respuesta que salió de la boca de Naru. Regresó a su escritorio y continuó con su jornada laboral. La tarde transcurrió con normalidad. Uno a uno sus compañeros comenzaron a marcharse. -¿Te quedas? -Solo terminaré un informe y dejaré listas las carpetas para la reunión. Luego me iré. Cuando terminó fue hasta la sala de fotocopias. Mientras recogía unos documentos escuchó voces provenientes de una oficina cercana. La puerta estaba entreabierta. Sin intención de espiar, miró por la rendija. Dentro había dos hombres en una situación íntima. Los sonidos amortiguados y las respiraciones agitadas llenaban el ambiente. Naru se quedó inmóvil. No podía apartar la mirada. No sabía si era por la sorpresa... o por la envidia.

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