El frío del auto parecía mucho peor que el de afuera, es más creo que este se te calaba en los huesos hasta el punto de quebrar en este proceso, dejando esas marcas que parecen difícil de sacar con el tiempo, la razón era una sola, tan simple que parecía una estupidez, pero que me tenía cavilando mil teorías explicativas, aunque creo que la única respuesta que había era mi idiotez. Ahora no sabía lidiar con el ambiente, no encontraba forma de manejar una sola cosa, su indiferencia. Luna apenas me miraba, no me prestaba ni la más mínima atención mientras manejaba camino a casa porque se negó a salir esta noche. Sus ojos no se despegaban del móvil, sonreía de lado y tecleaba a la velocidad de un rayo. Tengo que decir que eso me pareció raro, desde que la conocí jamás paso mucho tiempo con

