¿Ese silencio abrumador que se crea detrás de un gran momento y una gran confesión...? Ese es silencio con el que estoy cargando ahora mismo mirando los violetas ojitos del hombre más impenetrable que he tenido el placer de conocer en mi vida. Ni Sean ni Max lo han sido tanto como Dante. Su parca forma de comportarse en ocasiones me sabe a tanto recelo como misterio y eso duele. Duele saber que es tan suyo como yo misma. Los dos le pertenecemos porque nunca me ha dejado tenerle y yo jamás me supe alejar de ser suya. —¿De verdad vamos a hacer esto? —apoyo mis manos en sus hombros. —¿Esto...? —repite la pregunta confuso y jadeante. Nuestras miradas se retan, se miman...se añoran sin saber por qué. Tengo mi cuerpo aún subido a sus caderas y me siento tan llena de él como vacía. Es una mez
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