Anastasia abrió los ojos y rompió el beso justo cuando las luces del salón parpadearon y se encendieron. —Ha sido nuestra noche y lo mejor está por venir —le susurró Aquiles al oído. Anastasia agradeció el estar sentada, porque las piernas le temblaban, las manos le sudaban y su corazón latía fuerte dentro de su pecho, como si fuese un tambor. Dyna haló su vestido discretamente para llamar su atención. —¡Oh, Dios! Eso fue ardiente —le susurró haciendo que Anastasia cambiar de color. —¿Nos viste? —Estoy demasiado cerca para ignorarlos, creo que tendré que organizar una boda pronto —pronunció con tanta emoción que Anastasia pensó que estaba exagerando. —Ahora vuelvo —dijo Aquiles poniéndose de pie. —¿A dónde va? —preguntó Anastasia, casi fue un susurro. —Irá con Ulises, el pobre seg

