Anastasia se sentía en un verdadero cuento de hadas y sí ya lo había pensado antes, ahora lo confirmaba. Sentía que era capaz de caminar sobre las nubes sin temor a caerse porque estaba segura de que Aquiles nunca la dejaría caer. Luego de aquella petición, Aquiles llevó a Anastasia a cenar y cerca de la una de la mañana viajó hasta la casa familiar, donde pasaron la noche… cada uno en su habitación. A la mañana siguiente, Dyna se despidió de la familia para volar a Italia y Aquiles informó a sus padres que se llevaría a Anastasia a Amorgos para pasar el fin de semana, por lo que ellos estaban felices. —Aja, ¿en qué momento me pediste ir a Amorgos? —preguntó Ana cuando Aquiles le pidió que hiciera la maleta. —Creí que te gustaba Amorgos —le dijo él abrazándola por la cintura. —Me gust

