POV José Joaquín Serrano. El camino hacia la casa de mis padres siempre me había parecido corto. Hoy no. Hoy sentía cada kilómetro metiéndoseme en el pecho. No sabía si eran nervios, emoción o miedo. Probablemente todo junto. Respiré hondo antes de tocar el timbre. Mi papá abrió la puerta. —¡Hijo! —me dio un abrazo fuerte, de esos que parecen un aplauso en la espalda—. ¿Qué haces por aquí tan temprano? No sabía que venías. —Necesito hablar con ustedes —respondí. Él frunció el ceño, como si ya intuyera algo, y dio un paso atrás para dejarme pasar. La casa olía a café recién colado, a piso encerado, a los mismos domingos de mi infancia. Mi mamá apareció desde el comedor con una taza en la mano, impecable como siempre. Vestido de flores, cabello recogido, postura recta. A veces pie

