POV Luisa María Gutiérrez. Rafael dio un paso dentro de la cocina como si fuera la cosa más normal del mundo. Y lo peor de todo: lo hizo sin pedir permiso. Pero aquí, en este pueblo, la gente entra así: empujan la puerta y saludan. Es costumbre. La puerta se cierra, pero no se le coloca seguro. Así los vecinos pasan a visitarte y tú les brindas café. Y por primera vez en mi vida… odié esa costumbre. Mi mamá dejó de mover la espátula donde estaba haciendo unos huevos revueltos del desayuno, volteó incrédula y con una ligera palidez en el rostro. —¿Rafael? —dijo como si estuviera viendo un fantasma mal peinado. Él sonrió. Una sonrisa de esas que siempre usó para suavizar problemas que él mismo causaba. —Vine a recuperar a mi familia —expresó. Yo me quedé paralizada. Literalmente par

