POV José Joaquín Serrano. Cuando entré de nuevo a la casa y vi cómo Luisa María estaba abrazando a la niña, sentí que algo dentro de mí se acomodaba… y otra parte se rompía. No podía explicarlo: era como si, al mismo tiempo, quisiera cargar ese miedo por ella, arrancárselo de encima, protegerla del mundo entero… y también necesitara controlarme para no salir corriendo detrás de Rafael. Pero me quedé donde debía estar: junto a ellas. Luisa levantó la mirada apenas escuchó mis pasos. Tenía los ojos húmedos, la respiración un poco temblorosa. Ana Victoria estaba sobre su regazo, al parecer se había despertado y estaba visiblemente asustada, con la cabeza apoyada en su pecho, como si el susto hubiera drenado toda su energía. Me acerqué despacio. —Tranquilas —dije bajito—. Ya todo pasó.

