Narra Clara No sé exactamente cuándo empezó esa sensación extraña a instalarse en mi pecho. No fue un golpe. No fue un sobresalto. Fue algo más sutil, más lento, como una incomodidad que se acomoda sin pedir permiso y ya no se va. No eran celos. Eso lo tenía claro… no rengo que sentirlos. Yo no tenía derecho a sentir celos de Sebastián Ellison. No era mi pareja, nunca lo fue. No era alguien con quien compartiera una historia visible, reconocida, legítima. Era mi jefe. Y, en un rincón secreto del mundo, el padre de mi hijo. Un hombre que no sabía nada. Un hombre que, para él mismo, no me recordaba. Eso era lo que dolía. O incomodaba. O pesaba. Porque verlo ahora, en su oficina, con una mujer hermosa que entraba y salía con naturalidad, no despertaba en mí un deseo de reclamar nada. Desp

