Narra Clara La mañana había sido exactamente igual a las anteriores; reuniones, informes atrasados, dos llamadas con inversionistas y una discusión ligera con mi otro socio Diego sobre el nuevo proyecto en Chicago. Nada fuera de lo normal. Sin embargo, desde que llegué a la oficina, había una sensación extraña rondándome, un ruido suave en el fondo de mi mente que no sabía de dónde provenía. Tal vez era el agotamiento. O el hecho de que llevaba semanas sin dormir bien. O quizá, si era honesto conmigo mismo, tenía que ver con ella. Mi nueva asistente, Clara Carter. Cada tanto la veía por medio de ese reflejo que alcanzo a tener de ella, la veo detenerse y respirar hondo, como si estuviera tratando de ubicarse en un lugar que todavía no terminaba de comprender. Y por alguna razón que no

