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1895 Palabras

A mitad de la madrugada parisina, Sarah se despertó bajo el calor de la manta que la cubría hasta los hombros. Recordó que Enzo le estaba dando un masaje y de ahí, abrir los ojos en el sofá horas después. «Ah… me quedé dormida» dijo con los ojos aún entreabiertos mientras se ponía en pie. Las ganas de ir al baño invadieron como un frío escalofrío su espalda y empezó a preocuparse, ya que desconocía por completo dónde estaría en esa casa. Fue hasta el pasillo aún descalza y desde ahí abrió puerta a puerta iluminando con la linterna del teléfono. Al no encontrar el baño supuso que podría estar en la segunda planta, por lo que rápidamente dio media vuelta hasta las escaleras al inicio del pasillo cerca de la puerta principal y el salón. Las subió y abrió la primera puerta que encontró de fr

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