Por más que repetí que yo no había sido, no me creyeron, mi madre estaba tan enojada que me gritó hasta que perdió los estribos y me abofeteó. Tuvieron que sacarla y no la dejaron volver a entrar por el resto del día. Al parecer me estaban inculpando de haber golpeado al conductor del autobús para que perdiera el control y nos desviáramos al acantilado, no tenía sentido en lo absoluto para mí, ¿pero algo tenía sentido desde ese día?, ¿había sido la única sobreviviente y por ende debía pagar?, ¡a la mierda! Llegaron dos agentes policiales, llevaban traje de etiqueta y una carpeta con un lapicero, el que se sentó a mi lado su cabeza brillaba en calvicie y tenía una mirada tierna que por lo menos me daba un poco de tranquilidad, en cambio el otro, solamente se quedó parado junto a la ventana

