NOVE No sabía qué carajos era lo que debía de hacer, así que solo pegué mi boca de su tobillo e intenté aspirar con fuerza sintiendo la sangre llenarme la boca, no sabía si iba a funcionar, pero nada perdía con intentarlo. Cuando sentí mi boca con exceso de sangre me aparté y me limpié del rio hasta casi tener arcadas. Nieve había dejado de gritar, sus ojos cerrados y su expresión en una mueca, parecía que se había desmayado. Miré su pierna, creo que lucía mejor, aunque la inflamación no bajaba. Tomé a Nieve entre mis brazos y la abracé contra mi pecho meciéndola de arriba abajo mientras con mi mano libre limpiaba la herida de su pierna esperando que de alguna manera milagrosa se curara. Pasaron los minutos, u horas cuando sentí que la piel de Nove comenzaba a calentarse y parecía empa

