Arrodillado frente a la taza del baño, con sus brazos prácticamente rodeándola, Rhys se encontraba arrojando todo lo que su estómago sintió que simplemente no deseaba retener tras haber desayunado. Y lo peor de todo, es que parecía que nada había sido exactamente del agrado de este, ya que el pobre humano llevaba sus buenos minutos en la misma posición. Sus rodillas llegaban a doler por estar en contacto en el duro suelo, su cuerpo se encontraba frío y sus músculos un tanto cansados y resentidos por haber estado en la misma posición por mucho tiempo. Y a pesar de ello, Rhys se negó a moverse de aquel lugar hasta que estuviera completamente seguro de que su estómago ya no le jugaría en contra. Con los músculos de su abdomen tensándose, Rhys dejó escapar un pequeño lamento al mismo tiempo

