Sergei entró a la casa con un cansancio evidente en sus ojos, producto de la jornada de trámites y decisiones difíciles que había enfrentado para finiquitar lo relativo al traslado de Rubí. Al cruzar la puerta, se encontró justamente con la hembra en cuestión, Rubí, vestida de manera impecable, con un vestido blanco de satén que resaltaba su figura y le daba un aire de elegancia sin dejar de ocultar sus curvas. La Changer llevaba su cabello rubio casi blanco en suave ondas sobre su espalda, su piel delicada parecía resplandecer y tenía un perfume dulce que con el aroma metálico que ella solía tener pegaba muy bien.
La sorpresa se reflejó en su rostro, pero rápidamente la expresión cambió a una mezcla de confusión y curiosidad.
— ¿Qué está pasando aquí, Rubí? —preguntó Sergei, observando la mesa adornada con velas y platos humeantes de comida evidentemente deliciosa.
Ella le dirigió una sonrisa aparentemente serena y lo invitó a tomar asiento.
— Pensé que podríamos compartir una última comida juntos antes de que me vaya. Quiero que sepas que no te guardo rencor, Sergei, y deseo que encuentres la paz que necesitas — dijo ella con voz suave. Demasiado suave para él, que la miró cada vez más confuso.
Sin embargo se dejó guiar por ella.
Se sentaron a la mesa, y Rubí sirvió un vino tinto para él y un trago de sangre para ella, en copas elegantes. El ambiente estaba impregnado de un silencio pesado, solo roto por el sonido de los tenedores y cuchillos contra la porcelana fina de él. Aunque ella no solía consumir comida a veces comía carne cruda, como esa vez.
Sergei, aunque inicialmente reticente, empezó a relajarse ante la deliciosa comida que Rubí había preparado ¿O la señora Harris tal vez? Que por cierto, no se la veía por ningún lado pero como era habitual, él no se preocupó para nada pues ella solía desaparecer. Cada bocado era una mezcla de sabores exquisitos, y la atmósfera comenzó a cambiar. La tensión se disipaba lentamente mientras ambos compartían la comida.
— Esto está increíble, Rubí. No esperaba toda esta ejemmm... atención —admitió Sergei, reconociendo el esfuerzo que ella había puesto en la velada.
Rubí levantó la mirada y lo miró directamente a los ojos.
— Tuve ayuda…— admitió ella y se limpió los carnosos labios con una servilleta —. Pero yo… sé que no me he comportado bien contigo y quiero que sepas que no guardo resentimientos, de veras — dijo en apariencia sincera —. Entiendo que debes hacer lo que es mejor para ti. Y bueno para mí, para ambos… Y esta cena es mi manera de cerrar este capítulo de mi vida con dignidad y la frente en alto… — dijo e inspiró para darse valor —.Y darle la bienvenida a un nuevo comienzo, claro — agregó ella alzando la copa para que ambos pudieran hacer un brindis —. Así que, por los nuevos inicios…— murmuró ella de forma críptica y ambos bebieron mientras ella lo miraba por sobre el filo de la copa con una mirada misteriosa.
Sergei por su parte, parecía agradecido por el gesto de Rubí.
— Aprecio esto, de verdad. Aunque nuestra relación tomó un giro inesperado, lamento que terminara así pero quiero que sepas que siempre valoraré los momentos que compartimos... Se te extrañará en el club, pero creo que un cambio de aire es lo que necesitas, conocer gente nueva…— dijo él con una sonrisa franca y sincera pues realmente quería que a la muchacha le fuera bien y deseaba lo mejor para ella.
La cena continuó en un ambiente más ligero, mientras ella no decía nada acerca de eso, aunque para un buen observador podía notarse que ante los dichos del macho ella parecía verse incómoda por momentos. Sin embargo trataba de mantenerse agradable con él de modo que compartieron risas, anécdotas y hasta se permitieron recordar algunos de los momentos más felices de la estadía de Rubí allí. A medida que avanzaba la velada, la tensión inicial se desvaneció, y Sergei comenzó a comprender que, a pesar de las circunstancias, Rubí estaba decidida a despedirse bien de él. Y por dentro agradeció no tener más escenas melodramáticas.
Sergei, a pesar de sus reservas iniciales, comenzó a ceder y relajarse cada vez más, ante la atmósfera “tranquila" creada por Rubí. Sin embargo, algo parecía no estar del todo bien.
En mitad de una frase, Sergei notó que sus palabras se atoraron en su garganta, que las arrastraba y que su boca parecía estar pastosa, mientras su mirada se volvía paulatinamente borrosa. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su mirada, pero la confusión se apoderaba poco a poco de sus sentidos. Rubí, con una sonrisa satisfecha, continuó hablando como si nada estuviera ocurriendo.
— Sergei, estoy segura de que ambos nos beneficiaremos de este nuevo comienzo. Necesitas liberarte de las ataduras del pasado querido…— susurró satisfecha como el gato que se comió la crema.
El cansancio comenzó a pesar sobre los hombros del ruso, y sus pensamientos se volvían más nebulosos poco a poco. Frunció el ceño, intentando entender lo que estaba sucediendo.
— ¿Qué… qué me has hecho? —preguntó Sergei con dificultad, su voz debilitándose cada vez más.
La rubia se levantó de la mesa y se acercó a él con tranquilidad.
— No te preocupes, querido. Solo te di algo para que puedas sentir con libertad, sin las ataduras que acarreas habitualmente…— murmuró en su oído produciendo escalofríos en la espina dorsal de la hiena.
Sergei, aún luchando contra la somnolencia, intentó levantarse, pero sus piernas no respondían ya. Entonces la hembra, con una destreza que sorprendió a Sergei, lo ayudó a recostarse en el sofá más cercano.
— Mejor no empañar este momento con luchas innecesarias cariño. Solo relájate y disfruta. Y cuando recuperes la conciencia, ya verás, todo será diferente…— murmuró ella en su oído, y luego se sacó el vestido por sobre la cabeza para quedar cubierta apenas con unas bragas que marcaban su entrepierna.
Mientras la droga calaba en él de manera profunda, la habitación se volvía cada vez más difusa. Y él llegó a apreciar la desnudez de la muchacha, pues su v***a se endureció muy a su pesar. MALDITA SEA, ¿QUÉ IBA A HACERLE? Quiso decir algo más pero no pudo pues ya no le salían las palabras aunque aún estaba un poco consciente de lo que pasaba.
Rubí observó a Sergei con una expresión ambigua, con una mezcla de satisfacción y determinación. Sus acciones habían sido cuidadosamente planeadas para asegurarse de que su hiena no interfiriera en sus planes esta vez. Y finalmente tal y como ella lo había planificado, quedara como una mosca atrapada en su red.
Finalmente, completamente a su merced.