CAPÍTULO IV-1

2068 Palabras

CAPÍTULO IV La Mariscala, ya preparada, le estaba esperando. —¡Qué amable! —le dijo ella clavándole sus hermosos ojos, a la vez tiernos y alegres. Después de hacer el nudo de su capucha, se sentó en el diván y permaneció en silencio. —¿Nos vamos? —dijo Frédéric. Ella miró el reloj de la chimenea. —¡Oh!, ¡no!, no antes de la una y media —como si ella se hubiera señalado a sí misma este límite a su incertidumbre. Por fin, cuando dio la hora: —¡Bueno, andiamo, caro mió! Y dio un último toque a sus bandos, hizo algunas recomendaciones a Delphine. —¿La señora vuelve para la cena? —¿Por qué? Cenaremos juntos en algún lugar, en el Café Inglés, donde usted quiera. —¡Bueno! Sus perritos ladraban alrededor de ella. —Podemos llevarlos, ¿verdad? Frédéric los llevó, él mismo, hasta el coc

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