Salimos un par de veces, pero indudablemente yo empecé a quererle más y más, y, sin embargo, nunca sentía que me moría de amor por él, como me había pasado con Erick. No sé lo que pasaba conmigo. ¿Por qué no podía amarle como se merecía? Beto siempre se veía como un modelo de revista. Era guapo. Era buena persona. Una noche, luego de salir a comer, él le llevaba a mi mamá unas manzanas importadas, para que las probara. Ahí delante de ella y de mis hermanas me lo dijo. —¿Te casarías conmigo? Beto estaba tan enamorado de mí que me parecía parte de un sueño, pero ese sueño no era el mío. Mi mamá estaba cada día mucho más enferma y el sueldo de mis hermanas no era ya suficiente para sus medicamentos. Fue por ella que acepté casarme con él. Beto pagó todo lo que hizo falta. Pero en ese mo

