Cuando el tipo cerró la puerta. Un silencio demencial comenzó a torturarme. No se podía escuchar nada. Una sola palabra, un solo ruido, no había nada. Quizás solo se habían deshecho de mí, y nadie vendría a sacarme de ahí. Mientras tanto, mis manos, se entumecían por la posición. Trataba con desesperación de soltarme, pero era imposible. No es como en las películas donde encuentras una forma de soltarte y quedas libre. La cinta en mi boca hacía el mismo efecto, me volvía loca. Pero entonces, escuché que alguien más entraba en la casa. Me apoyé a la puerta. Quizás era la policía, pensé eso en la desesperación, pero estaba lejos de que pasara. Luego de un buen rato que para mí bien podrían haber sido horas. El mismo tipo abrió la puerta y me miró. —Es tu turno… -me dijo. Me llevaba

