Con la cara desencajada, ante la humillación que le hizo Víctor, el hombre comenzó a chillar. —¡Pero si son unos incompetentes! ¿No le revisaron? ¿Cómo es que tiene un arma? ¡Es el pupilo de Adolf! ¿Se les olvidó, par de inútiles? ¿Ves por qué no quería que te salieras del negocio, Víctor? Víctor me hizo una seña para que me pusiera detrás de él, he hice eso. Mientras tanto, su jefe, permanecía inmóvil bajo la amenaza de su revolver. —Me impresionas, Víctor, ¿desde cuándo te volviste blando? —luego se dirigió a sus hombres— ¿Qué esperan, idiotas, holgazanes? ¡Mátenlo! Víctor lo empujó hacia adelante para distraerlos y me llevó hacia detrás del escritorio. Se dio forma de sacar un corta cartas y de liberarme las manos. Luego, sacó un arma del sillón. —Si bien demostraste tu lealtad, d

