Recuerdo que me recostó en su cama y que me quedé dormida hasta el otro día. Desperté con un sobresalto. No sabía dónde estaba, esa no era mi cama, ni la de Víctor. Miré todo a mi alrededor. Me puse de pie, dispuesta a marcharme. Cuando abrí la puerta del dormitorio lo recordé. De alguna forma, Erick había dado conmigo. Era demasiado bueno para ser cierto. Recorrí todo el dúplex, buscándolo, pero estaba completamente sola. Erick entró con bolsas de boutique. Me traía ropa. —Toma. Espero que haya dado con tu talla… —Gracias —le dije y recibí la bolsa y me fui hasta el baño. Erick me siguió, pero cerré la puerta del baño, para vestirme. Al sacarme la ropa, se me cayó la tarjeta dorada que me había puesto, Víctor, en el corpiño. Hasta ese momento me había olvidado por completo de

