Tenía la tarjeta en mis manos, la tenía arrugada pero servía. Tenía que volver a casa para buscar algo bonito para presentarme con el jefe de Chucky. Como tenía la llave, entré de puntillas, rogando que nadie note que estaba ahí. Mi mamá estaba en la cocina, la televisión estaba prendida. Me metí a mi cuarto. Entrar ahí de vuelta, luego de una semana me hizo sentir triste. Extrañaba mi casa y a mi familia, pero mamá me había botado y mi ego no me permitía ir a saludarla. Junté toda la ropa que pude y la guardé en una bolsa de mercado. Como había engordado casi nada me quedaba bien. Me llevé toda la ropa bonita que tenía, con la esperanza que algo me sirviera. Cuando estaba a punto de marcharme me dieron ganas de llorar y decirle que la quería aunque ella ya no me quisiera. Me forcé a s

