Bajé algo nerviosa, pero se me pasó cuando vi la comida en la mesa. Todos los platillos se veían finos y exquisitos. —Prueba algo —me animó él. Me serví de todo un poco. Luego me pidió que le acompañara. Es así que entré a un dormitorio, no era como en dónde había dormido yo, era uno mucho más amplio y lujoso. —Desnúdate. Me quedé mirándole por un instante. —¿No recuerdas que te dije que aún faltaba calcular lo que vale tu v****a? —Sí, lo recuerdo —me desvestí rápidamente. —Recuéstate en la cama y abre bien las piernas. Como su tono y sus expresiones eran carentes de entusiasmo, lo hice. Me quedé mirando al techo. Mientras David metía un dedo en mi v****a, me retorcí excitada. Luego, cuando metió el segundo dedo y si no me controlaba me pondría a gemir. En ese momento David no p

