Cuando mi hermana vio a Beto, después de tantos años se le salían las babas de la boca. Claro que le conocía de la escuela, pero en esa época no le cambiaba el título de borrachín bueno para nada. Pero como en la vida nada está dicho y todo puede cambiar, esos borrachines, contra todo pronóstico se convirtieron en exitosos. Y cuando mi mamá y mis hermanas lo veían bien vestido, adinerado y todo eso que llama la atención de la gente, me di cuenta que eran como todo el mundo, dejándose llevar por la apariencia, bueno, yo también me dejé llevar muchas veces, pero he aprendido que una buena pinta no te hace buena persona, lo sabré yo… Bueno, en fin, en ese momento, Beto le gustaba a mi hermana y se notaba. Pero cuando vino directo hacia mí sin fijarse que ella estaba ahí. Cambió de cara. Se

