Capítulo 67: Sombras en el refugio La lluvia había cesado al amanecer, dejando tras de sí un bosque empapado, pesado de humedad y silencios inquietantes. Ariadna caminaba con Cloe tomada de la mano, mientras Moreau se apoyaba en un improvisado bastón que ella misma había tallado con el cuchillo la noche anterior. La niña estaba exhausta, con los pies embarrados y el rostro marcado por el cansancio, pero aún así no se quejaba. Ariadna la observaba de reojo y sentía un nudo en la garganta: **Cloe estaba aprendiendo demasiado rápido a vivir en el infierno**. Al fin, entre la neblina matinal, apareció lo que parecía una **cabaña de cazadores**. Las paredes de madera estaban descascaradas, la chimenea caída a un lado, y los ventanales tapiados con tablones improvisados. —Podría ser una tram

