Capítulo 68: Sombras sobre Cloe La noche cayó con un silencio sepulcral en el bosque. Ariadna había logrado encender una pequeña fogata oculta entre piedras y ramas húmedas, lo justo para mantener el calor sin atraer demasiada atención. Cloe yacía recostada sobre una manta improvisada. Su pierna enyesada de manera rudimentaria con ramas y telas apenas la mantenía recta. Al principio, solo se quejaba del dolor. Pero ahora, su frente estaba perlada de sudor frío. Su respiración, entrecortada. —No… no, no, no… —murmuraba Ariadna, acariciando el rostro de su hermana. Erik, con la escopeta apoyada sobre sus rodillas, miraba con el ceño fruncido. —Tiene fiebre. La herida se infectó. Ariadna levantó la vista, con furia en sus ojos enrojecidos. —¡Haz algo! —No soy médico, Ariadna. —¡Pero

