Capítulo 69: La Esperanza Ariadna corría como si la tierra misma se desmoronara bajo sus pies. El eco de los disparos de Erik retumbaba tras ella, mezclándose con los gruñidos de los caminantes. Cada vez que doblaba un pasillo, temía ver la silueta del exmilitar caer, devorado por aquella marea de cadáveres. El aire era irrespirable, cargado de polvo, sudor y miedo. La caja de antibióticos temblaba en sus manos sudorosas. Al llegar a la salida trasera, se detuvo en seco. El silencio era sepulcral. —¡Erik! —gritó con desesperación. Un golpe seco resonó a pocos metros. Segundos después, el hombre apareció cojeando, ensangrentado, pero con los ojos encendidos de rabia. Tras él, cinco caminantes lo perseguían. —¡Corre, maldita sea! —rugió, disparando una última bala que atravesó el cráne

