Capítulo 56: El enemigo La noche había caído como un manto sucio sobre la carretera. La luna, apenas una uña plateada, apenas alcanzaba a iluminar el asfalto agrietado, las manchas oscuras que no sabía si eran aceite seco… o sangre vieja. Ariadna avanzaba en silencio, con Cloe pegada a su costado, las manos frías aferradas al borde de su chaqueta. Voss iba al frente, su rifle preparado, cada paso calculado. El silencio pesaba tanto que hasta el crujir de las piedras bajo las botas sonaba como un disparo. Habían dejado atrás la zona segura horas antes, siguiendo el rastro que Voss juraba conocer. “Un depósito de suministros”, había dicho. Pero Ariadna no confiaba del todo. Algo en la forma en que él evitaba su mirada le hacía sospechar que había más de lo que decía. A medida que avanzaba

