Capítulo 59: Los vivos son peores La ferretería se llenó de un silencio espeso. Afuera, la bruma de la mañana apenas iluminaba las ventanas polvorientas. Adentro, tres hombres armados miraban con ojos hambrientos a Ariadna, a Cloe, y al soldado que no dejaba de apuntar. El líder, un tipo de barba enmarañada y chaqueta de cuero rasgada, se relamió los labios. —Vamos, no queremos problemas. Solo compartan lo que tienen… —miró a Ariadna, deteniéndose en ella demasiado tiempo—. Y quizás también lo que **son**. La rabia subió por la garganta de Ariadna, pero apenas pudo sujetarla. Se agachó sobre Cloe, protegiéndola con su cuerpo. La fiebre de la niña ardía contra su pecho. Voss tensó los hombros. El sudor bajaba por su frente, pero sus ojos eran dos cuchillas. —Un paso más… y los entier

