Capítulo 60: Pasillos El hospital se erguía ante ellos como una mole oscura, un esqueleto de cemento devorado por el tiempo y la podredumbre. Ariadna lo observó con un nudo en la garganta: las paredes ennegrecidas por incendios pasados, los ventanales rotos, y en la entrada principal, un cartel colgando con letras apenas legibles: **“Área de emergencias”**. Cloe se removió en sus brazos, la fiebre haciendo que su respiración fuera entrecortada. Ariadna besó su frente, como si ese gesto pudiera arrancarle el dolor. —Aguanta un poco más, pequeña… ya casi —murmuró con un hilo de voz. Voss avanzó primero, el fusil en alto. Empujó las puertas batientes, que chirriaron con un sonido metálico que se expandió como un grito por todo el edificio vacío. Un silencio denso los envolvió al entrar.

