Capítulo 48: Los experimentos El túnel parecía no tener fin. La linterna de Cloe parpadeaba de vez en cuando, dejando breves segundos de oscuridad total que hacían que el corazón de Ariadna se acelerara. El aire estaba impregnado de humedad y un olor metálico… como sangre seca y óxido. —No me gusta este lugar —murmuró Cloe, aferrada a la manga de su hermana. —A mí tampoco… —respondió Ariadna—, pero si queremos entender qué diablos eran esas cosas, tenemos que seguir. A medida que avanzaban, el suelo cambiaba de tierra compacta a baldosas frías y sucias. En las paredes aparecían tuberías oxidadas y viejos cables colgando, algunos chisporroteando como si aún conservaran algo de energía. En un recodo, un letrero casi ilegible se dejaba ver bajo una capa de polvo: **LABORATORIO DE INVEST

