La película estuvo buena, pero no mejor que los besos que James me regala. Sus comentarios estaban en el momento correcto para hacerme reír y cada vez que me sonreía me robaba un pequeño, pero tierno, beso. Sonrisas, miradas, caricias, risas, celos. ¿Qué significaban? Pensar en eso era una verdadera molestia para mí. James nunca iba a sentir nada hacía mí, pero era más que obvio que íbamos a casarnos y por lo menos, debíamos llevarnos bien. Y no lo culpo, yo no quería una mala relación con el hombre con el que pasare mi vida, o por lo menos eso es lo que creo. - ¿En qué pensabas? -me susurró al oído cuando íbamos saliendo. Gire la cabeza para sonreírle antes de contestar a su pregunta. -En nada. -dije finalmente. Dio un beso sobre mis labios. - Debo ir al baño. -comenté. - ¿Me esperas?

