Rodé sobre la cama sabiendo que estaba en presencia de un nuevo día. Estaba sola en esa habitación y sabía porque no se escuchaba la ducha de fondo. Acomodé mis manos debajo de las almohadas e intenté volver a dormir. Iba a ser imposible, la claridad ya inundaba la habitación invitándome a salir de la cama. Y justamente fue lo que hice cuando reuní las fuerzas necesarias para ponerme de pie. El ambiente frío erizo mi piel y froté mis manos dando más calidez a mi cuerpo. No funcionó. Pero una tibia ducha me ayudaría. Caminé hasta el armario y tomé una toalla, seguido de mi ropa para ese día. Entré al baño y prendí la ducha. Mientras esta se templaba, me despojé de mi pijama. Cinco minutos más tarde me encontraba secándome el cuerpo con la toalla blanca. Me coloqué en jean desgastado jun

