No tenía por qué, pero estaba nerviosa. A tan solo un día de mi boda, la cual, no sabía cómo iba a ser. James no había estado en casa los últimos dos días, o por lo menos, no habíamos hablado casi nada. Las empleadas iban y venían por toda la casa, gente que arreglaba el jardín, personas que colocaban adornos. Cathy y Maik se la pasaban en casa, cuidando detalle por detalle, dando órdenes sin cesar, intentando que todo fuera lo más perfecto posible. James, llegaba a las once de la noche y pasaba directo a la ducha, luego, a la cama. Sin cenar en casa, sin almorzar en casa, sin hablarme más que para desearme un buen día o dulces sueños. Ya no compartíamos cama, pues luego de haber descubierto la habitación de huéspedes, no iba a permitir que James me retuviera en su habitación. Estaba t

