Llegué hasta la puerta de madera. Mi corazón parecía jugar una carrera hasta llegar a mi garganta. Dudé unos segundos antes de empujar la puerta que permanecía sin cerrojo. Di dos pasos y ya me encontraba dentro de la habitación. Suspiré, debía ser más valiente y no una simple niña asustada. Cerré la puerta por donde había entrado y la manta cubriendo mis pies, me jugó una mala pasada haciendo que cayera redonda al suelo. - ¿Quién está ahí? -preguntó una voz adormilada y amago a encender la lámpara. La electricidad se negó a aparecer en la habitación y James se desesperó por eso. Comenzó a apretar el pequeño interruptor con notoria desesperación. -Soy yo. -respondí con dolor en mi voz. Me acababa de dar un buen porrazo contra la nariz y la barbilla. Mi boca sabía a sangre. - ¿_______?

