Chillo al sentir sus dedos entrando en mi. No aguanto. No puedo más, siento que en cualquier momento mis manos no podrán sostenerme y pararé en el piso. —Muñeca, sujétate bien —gruñe en mi v****a. Pasa la lengua por tooodooo mi sexo, vibro, tiemblo, gimo, gruño. Muerdo mis labios provocándome dolor para contrarrestar mi placer. Mierda. Me rompí. El sabor de la sangre inunda mi boca. Pero no me impide seguir disfrutando de las maravillas que causa en mi Fabricio Montalvo. Es un pecado. Soy una pecadora. Veo estrellas cuando me chupa y me masturba. Delicioso. —No voy a dejar de lamarte hasta que llegues en mi boca —sopla, el aire me da escalofríos. Y me retuerzo en sus brazos. Me dejo llevar por el placer que invade mi cuerpo y termino acabando en su boca, se levanta y me

