Capítulo 1
* * *
—Noooooo. —y escuché el impacto del otro auto, automáticamente mis manos fueron a mi vientre.
Despierto sudorosa y con el corazón a mil, sentía que en cualquier momento se me saldría por la boca. Inhalo y exhalo varias veces hasta regular mi respiración, y mis latidos. Me levanto de la cama y voy directo al baño a echarme un poco de agua en la cara, necesito refrescarme, luego voy a la nevera por un vaso de leche.
Hacía meses sin tener esa pesadilla, y tal vez se deba al estrés que estoy sufriendo en el trabajo. Lo cierto es que no es fácil trabajar para atención al cliente, es uno de los trabajos más estresantes en la vida y más si pasas toda una mañana tratando con personas que pareciera no tuvieran modales.
Respiro profundo tratando de olvidar la sensación que comienza a embargarme y conozco muy bien, en cualquier momento me daría ansiedad.
Veo la hora en el reloj de la cocina, 4:30 am. Aún me queda dos horas de sueño. Y sé que no dormiré, necesito despejar mi mente; voy rápido a mi habitación a vestirme con unos leggins, zapatos deportivos y una camisa de algodón, agarro mis audífonos y mi celular, salgo de mi hogar, bajo las escaleras y comienzo a trotar en la urbanización.
El cielo aún está oscuro y hay luna llena. Estuve trotando alrededor de 25 minutos, estiro mis piernas lo más que puedo, en los muslos me comienza esa se sensación de cansancio cuando me llevo al límite.
Camino despacio a mi departamento, y en las escaleras subo y bajo, estoy unos diez minutos hasta sentir los músculos de las piernas tensos.
Suspiro al pensar en las sandalias de tacón de aguja que me debo que poner para ese día. Ante todo, la presencia.
Veo la hora por tercera vez consecutiva y ya son las 5:30 am, empieza amanecer. Termino de subir las escaleras y entrar a mi hogar, reposo un rato para después tomar un vaso de agua.
Aprovecho de sacar del closet mi uniforme de trabajo, y los accesorios que usaré. Voy de nuevo a la cocina para hacerme el desayuno, unos huevos revueltos con arepa y jugo de naranja; el almuerzo ya estaba listo en la nevera, solo debo sacarlo y meterlo en mi trabajo en la mini nevera con la que contábamos el personal de atención al cliente del Banco Banesco.
Desayuno a gusto, y sintiéndome un poco más relajada, cosa que no duraría todo el día. me encantaba prepararme eso de desayuno.
A eso de las 7:50 am atravieso las puertas del Centro Comercial donde está el banco para el que trabajo. La hora de abrir las puertas del centro era a las diez de la mañana, pero nosotros igual debemos estar a las ocho para concretar lo que quedaba pendiente del día anterior, y cumplir horario.
Me siento en mi cubículo saboreando una taza de café que me sabe a gloria. Poco a poco veo llegar a mis compañeros hasta llenarse la oficina, para eso de las 10:00 am el Banco abre sus puertas y comienza la jornada de trabajo.
Bostezo a las cinco de la tarde, por fin me voy a casa, ese día estuvo de locos. Tuve que aguantarme una insultada de una señora por ella bloquear su usuario en la plataforma, un señor nos llamó ladrones por un cargo errado en su cuenta, otra señora se puso a gritar por no haberse anotado en la lista de espera, y así transcurrió mi día.
Llego a casa muerta, solo quiero darme un baño y acostarme a descansar, pero me veo interrumpida, al escuchar la puerta del apartamento sonar, me acerco y veo por el ojito. Mi amiga Amy.
—Kim te tengo una propuesta y no puedes decir que no —dice con alegría, entrando como un torbellino a mi sala.
—Nena estoy cansada del trabajo ¿No podríamos hablar mañana? —pregunto, conociendo cual sería la respuesta de la rubia.
—Pero Kim si no hablamos en las tardes cuando llegas, ¿cuándo lo vamos hacer? —pregunta como si fuese obvio la respuesta—. Te propongo unas vacaciones de tres meses en la hacienda de mi padre. Se casa en marzo y todos debemos asistir —hace una pausa—. Me da tanta alegría ver a papá feliz después de lo de mamá.
—Amy tengo trabajo y no puedo dejarlo —digo lamentándome, unas vacaciones no me caerían mal.
—Nena piénsalo con calma y me avisas —propone—, además la fecha que tengo pensada para viajar es el 26 y todavía queda una semana.
Aquello hace acordarme de algo.
Imposible que se me haya olvidado el cumpleaños de una de las personas más importantes de mi vida.
—Mierda —maldigo—. El 25 cumple mamá, no puedo creer que se me olvidó.
—Ves eso es porque te la pasas tan enfrascada en el trabajo que te olvidas de tu alrededor —dice haciendo pucheros—. Como soy tan buena amiga te propongo un trato, vamos el fin de semana a la Vela o al Sambil y le compramos el regalo a tu madre.
—Amy ¿A cambio de qué? —pregunto comenzando a sospechar.
—Fácil cariño —sonríe—. Nos vamos a la hacienda de mi padre, te relajas que bien estresada te he notado estos días y aunque tú no me lo digas, necesitas paz, tranquilidad y eso sobra en la hacienda. Además, te enseño muchos Balnearios y ríos que te encantarán. Así como ustedes tienen playas aquí, nosotros ríos y pozas.
Pienso... Pienso... Y al final no sé que decidir, las vacaciones me caerían como anillo al dedo, pero si quiero hacerlo debo moverme de una vez en el banco para encontrar suplente.
—Kimberly del Rosario estoy esperando... —hace el tic toc del reloj.
—Tampoco me mates con ese nombre —digo—. No te aseguro nada, primero debo organizar las cosas en el trabajo y luego ver si aceptan mis vacaciones. —respondo sabiendo que con la rubia no tenía más opciones.
Comienza a dar brincos y abrazarme.
—Desde el primer momento supe que aceptarías, solo te haces del rogar —añade muy segura de sí misma—. Otra cosa, sabes que tengo una chorrera de hermanos —hizo una pausa—, los conoces por fotos, pero pendiente con ellos suelen ser muy mujeriegos. En la escuela tenía que vivir siempre rodeada de chicas porque todas estaban locas por ellos, sobre todo por Fabricio y Alejandro.
—Tranquila —levanto mi mano izquierda—. Prometido no mirar a tus hermanos, aunque está demás decir que están más buenos que el pan.
—Tampoco así tonta, solo te aviso —sonríe—. Mis hermanos podrán estar muy buenos, pero son una pesadilla.
Sonrío.
Para ser pesadillas se ven muy bien, pienso.
Como fue imposible echarla de mi departamento, preparamos junta la cena mientras esperamos a su hermana menor.
Digamos que en el campo no existían televisores cuando los padres de mi amiga se conocieron que tuvieron seis hijos, dos mujeres y los demás hombres. No me quiero imaginar cómo fue su adolescencia teniendo a tantos hombres a su alrededor para patearle las bolas a quién se les acercara.
Suelto una carcajada por lo que pensé. La rubia me pregunta y le cuento. Se carcajea conmigo al confirmarme lo que ya me esperaba.
El despertador suena y yo solo quiero seguir durmiendo, me duele el cuerpo, los pies, todo; suspiro y me levanto de la cama. Toca hacer un desayuno rápido, no me encontraba de ánimos para durar tanto en la cocina.
Bufo al recordar que no hice almuerzo, me tocará comer en la feria del Centro Comercial. Agradezco tenerlo cerca y no tener que salir en el carro.
Una hora después atravieso las puertas del Centro Comercial, saludo al vigilante y le muestro mi carnet; en pocas horas mi trabajo comenzará y será igual de estresante que siempre, solo espero no recibir insultos.