—¿Quiénes van a buscar a mi tesorito? —cuestiona Don Camilo.
—Iremos Alejandro, Kimberly y yo —habla Amy.
Me quedo ceñuda viéndola.
En ningún momento lo consultó conmigo.
Respiro profundo ante lo que me viene.
Sé que debo acostumbrarme a las vías de aquí, más si estaré hasta mayo.
En estos momentos es cuando adoro manejar por las vías de la isla, sin tantas curvas peligrosas, ni barrancos de infarto.
Niego con la cabeza para quitarme esas ideas y me concentro en mi desayuno.
Estamos todos en el comedor, Nathaniel y Fabricio hablan de un insecticidas para las plantas y que éste producto no las afecte.
Alejandro habla con Javier sobre su nuevo trabajo en Caracas. Amy y su padre entablan una conversación. Y yo los veo a todos con ganas de enterrar mi cara en el plato.
Lo sucedido hace rato no deja de rondar por mi cabeza. Por más que me digo que no debo sentir vergüenza, no lo puedo evitar, todos me vieron las tetas, porque mi pijama no dejaba nada a la imaginación.
Tomo apresuradamente el jugo de naranja y se me va por los caminos viejos.
Me ahogo.
Comienzo a toser, toser y toser, no paro de toser, todos se alarman y vienen en mi ayuda.
Fabricio inmediatamente se coloca detrás de mí y me da palmadas en la espalda, Javier me sirve agua y me lo coloca en frente.
Me pongo más nerviosa que esta mañana, todas sus miradas están en mí.
Mierda.
Jesusito lindo, ¿Qué te he hecho para merecer esto?
Cuando logro calmarme los veo con más vergüenza que ganas de vivir.
—Siento mucho haberlos asustado —susurro con voz rasposa.
Me arde la garganta por lo que agarro el vaso con agua y lo tomo despacio.
—Nena hoy definitivamente no es tu día —se burla mi amiga.
Quiero asesinarla. Eso quiero.
—¿Te encuentras bien? —me pregunta Fabricio.
Su mano todavía está en mi espalda y puedo sentir bajo la fina tela de mi camisa lo caliente de sus manos, o soy yo que estoy imaginando esas cosas, llegados a este punto temo por mi cordura cuando estoy cerca de este hombre.
Sus ojos hechiceros me escanean y soy incapaz de no sonreír como boba.
—Sí —respondo bajito—. Estoy bien, gracias Fabricio.—digo su nombre despacio con intención de alterar sus sentidos, y eso logro.
Noto como su mirada se oscurece, y como le da una escaneada a mis labios, para luego volver a mi cara.
—Me alegra que no haya pasado a mayores —añade con sonrisa coqueta—. Debo retirarme, nos vemos en el almuerzo familia.
Y se va.
Amy me mira levantando la ceja izquierda.
Lo que menos quiero en estos momentos es un interrogatorio, así que le evado la mirada.
De la mesa se retira Don Camilo, Javier, Nathaniel y la Sra Amanda.
—Kim —me llama Luciano extendiendo sus bracitos hacia mi.
—Que pícaro eres —le regaño cariñosa y me lo llevo a los brazos.
—Tiene a quién salir —añade Alejandro con una sonrisa—. ¿Segura que te encuentras bien?
—Lo que se dice bien, bien, no estoy. Lo que estoy es muerta de vergüenza con ustedes —digo con confianza, entre nosotros siento que se está formando una amistad—. Entre la loca de tu hermana que me quería matar de un infarto y el condenado jugo que se fue por donde no debía, no sé ni cómo verles las caras sin ponerme roja como un tomate.
—Venga, que no ha sido nada del otro mundo —comenta mi amiga—. A cualquiera le hubiese pasado.
Los tres nos vemos las caras, sabemos que no le hubiese pasado a cualquiera.
—Sí claro—me mojo—. A cualquiera le pasa que la familia de su amiga le vea las tetas —termino gruñendo.
—¿Tetas? —pregunta Luciano con cara de confusión.
Soltamos una carcajada los tres al ver la cara del niño.
—Luciano —le regaña Alejandro, viéndolo con autoridad, pero aguantando la risa.
—¿Malo papi? —inquiere frunciendo el ceño.
—Eres una mala influencia para mi sobrino hermoso —se mofa Amy.
Javier entra en la sala.
—Bueno, bueno —dice—. ¿Por qué tanto alboroto?
Me da pena responder, por lo que niego con la cabeza, Amy sigue riendo y Alejandro le responde a su hermano.
—Luciano dijo una mala palabra que no volverá a decir, ¿Verdad campeón? —le pregunta lo último al niño.
—Papi, pelo yo no lo sabía —añade recostando de mi hombro su carita de perrito regañado.
Me quiero comer este niño, es una dulzura. Sus cachetitos rojitos provoca pellizcarlos.
—Ven con tío, campeón —habla Javier.
Antes de entregárselo, le doy un beso tronado y el pequeño sonríe.
—Bribón ¿Qué dijiste que tu padre no quiere decirme? —le susurra como si ninguno de los presentes lo fuésemos a escuchar.
—Javier —regaña el mayor de los Montalvo.
—¿Tetas? —habla frunciendo el ceño—. Papi dijo que es malo decil tetas. ¿Es cielto tío?
Javier nos ve con cara de que le debemos una explicación. No quiero pasar otra vez por esto.
Definitivamente hoy me levanté con el pie izquierdo, nada ha salido a mi favor.
—A Kim le da vergüenza porque todos le vimos las tetas —se mofa Amy—. Ni que la hubiesen visto desnuda. Solo se le vio los pezones, más nada.
—¿Pezones? —pregunta Luciano.
—¡Amy! —exclama Alejandro.
Me tapo la cara.
Agradezco que no esté Fabricio aquí, ahí sí que estuviese cavando un hoyo para enterrarme.
—Hermanita con amigas como tú, para qué enemigas —habla Javier—. Kimberly no tienes nada de qué avergonzarte, a quién debería darle vergüenza es a Amy, por hacerte pasar este mal rato.
Se me acerca aún con Luciano en brazos y me da un medio abrazo.
—Estoy seguro que ningunos de mis hermanos ni yo, nos traumamos por lo que vimos —susurra en mi oído con picardía.
No me pasa desapercibida la mirada que Alejandro le dedica a Javier.
—Lástima que uno de mis hermanos ya puso los ojos en ti, porque sino, ten por seguro que te estaría echando los perros —habla tan bajito, que juro si no hubiese estado cerca no lo escucho.
—¿Qué tanto secretean? —inquiere Amy.
—Nada de tu interés chismosita —le replica—. Cambiando de tema, para que nuestra invitada no sufra un paro cardíaco por tu culpa. ¿A qué hora piensan buscar a Camila?
—Salimos a las diez de la mañana —le responde el rubio—. ¿Vas con nosotros?
—Tengo ganas, pero quedé con la nana en hacer el plato favorito de Cami.
—Javier, como si la nana no supiese hacerlo sola. —le argumento mi amiga.
—Sé que la nana puede hacerlo, pero me comprometí, sabes que para un Montalvo su palabra es lo que vale, y no pienso dejarle toda la carga a la nana. Porque familia somos un batallón, sin meter a los trabajadores.
Sonrío con ternura, me parece un acto muy bonito de su parte, ayudar a su nana, cuando en cualquier casa sea o no sea de alta alcurnia no ayudan a las personas de servicio.
Me dan ganas de plantarle un beso, pero estaría mal visto a los ojos de todos.
Mientras transcurren las horas para salir a buscar a Camila, nos vamos al cuarto de juegos con el travieso Luciano, mi amiga pone la película de Disney, Un gran dinosaurio.
Los tres nos sumerge en la película, para cuando nos damos cuenta están dando los créditos, bostezo.
Luciano está dormidito en los brazos de Amy, la muy ingrata me ve con cara de circunstancias.
—Ahora resulta que soy cama —susurra.
Niego con la cabeza, no puedo con ella y sus comentarios.
Alejandro llega a buscarnos, dejamos todo en orden en el cuarto de juegos. Antes de montarme en la camioneta de mi amiga me persigno.
Trato de colocar mi mente en blanco, para no pensar en el camino.
Maldito accidente que me dejó con los nervios a flor de piel. Mi yo del pasado me escupiría en la cara al ver lo estúpida que soy.
Salimos de Santa Rosa, Amy coloca La Gozadera de Marc Antony y Gente de Zona.
Los tres vamos hablando en el camino, nos reímos hasta decir basta, a medida que vamos pasando pueblos me van indicando su nombre.
—Nena este pueblo se llama la Pica de Catuaro —indica—. Ale, baja un poco la velocidad. Por favor.
Su hermano le hace caso y ella sigue:
—Esa subida que estás viendo es uno de los caminos para llegar a Caripe del Guácharo, un día de estos vamos a ir —dice señalando una carretera angosta que va en ascenso pegada a la montaña—. De este lado tenemos familiares por parte de mamá, esa bajadita que está allí, en la segunda casa vivía nuestra abuela materna.
Cuando me doy cuenta llegamos a Pantoño, este pueblo si lo reconozco de cuando veníamos de Cumaná y de ayer.
Más adelante me señalan el camino que da a Cariaco y por allí a Chaco Pata que es donde llegan los botes que zarpan del Faro, en Porlamar.
Poco a poco voy conociendo un poquito más del estado Sucre.
Quedo enamorada de Cerezal. Un pueblito donde abunda la artesanía. En el frente de cada casa hay estanterías con diversas cosas, sillas de madera, muñecas de trapos, piezas de archilla, cestas, amacas.
Ya sé dónde comprar los presentes cuando me vaya, a mamá le encantará los adornos para el jardín de la casa.
Reviso mi teléfono y veo varias notificaciones de i********:.
Ayer antes de irnos a la hacienda, aproveché la señal y subí una foto con mi amiga Amy y su familia.
Al llevar la mitad del recorrido, Alejandro baja los vidrios y paga el aire, indicando que respiremos el aire profundo de la naturaleza.
Me carcajeo al ver como se llama una de las playas. Aunque a simple vista parece una laguna porque no tiene olas, pero es una playa. En plena curva con un cartel que dice: Bienvenidos a Playa Bruja.
Pasamos San Antonio del Golfo y finalmente llegamos a Cumaná, ahora esperar por el tormento de la familia Montalvo.