No puedo creerlo tengo una hija, mía y de mi sirena, mi sirenita mi muñeca, mi nueva razón de vida y está aquí invadiendo mi casa, la casa donde no debió salir, me tomo un wisqui porque lo necesito, y siento que alguien golpea con mis piernas, ahí está mi pequeña luz de vida abrazándome con su sonrisa y esos ojitos. - A ver señorita - la cargo, no puedo creer que la tenga en mis brazos - ¿Estás haciendo travesuras? Se ríe, esa sonrisa que me tiene enamorado. - Tienes la sonrisa de mi sirena. - Sidena...- repite - madineda. - ¿Marinera? - me vuelve a mostrar esos dientes blancos con una sonrisa - Entiendo eres una marinera. Pues está marinera no puede estar corriendo sola esta casa te puedes lastimar. - Mamá, papá. - ay, Dios ¿por qué los niños

