Capítulo 2: Ayudantía

1743 Palabras
Narra Patrick: Por fin había conseguido que el profesor Williams me aceptara como su ayudante para las clases de los novatos. Él desde que había entrado a la carrera era casi mi ejemplo a seguir, lo consideraba el mejor del área humanista en toda facultad. Primero había tenido una reunión con los chicos del periódico Brown Daily Herald, ya que necesitaban la crítica del libro mensual y me habían pedido encarecidamente que fuese “El suspiro de Drieden” de A.E.Levane. No me gustaban para nada los libros de fantasía y a pesar que ese en particular se estaba haciendo muy popular no llamaba mi atención. Caminé con rapidez entre los pasillos para llegar a la sala de los novatos y toqué la puerta. –Justo a tiempo señor Terrence, –dijo con una media sonrisa y se hizo a un lado dejándome pasar. Le asentí a modo de saludo y me presentó a su clase. Vi como una chica de la segunda fila le gesticulaba a su amiga con la boca la palabra “guapo”. De hecho era bastante bonita, tenía el cabello oscuro y largo por debajo de los hombros, sus ojos eran oscuros por lo que vi fugazmente, tenía una nariz respingada que le daba fluidez a su rostro ovalado y por último labios llenos pintados de un labial rojo oscuro. Por la forma de vestir era con un estilo ciertamente roquero o alternativo, no le quedaba mal. Por el borde del cuello de su suéter vi como un tatuaje se dejaba ver sobre la curva de cuello. La chica de su lado era también bastante bonita también, tenía piel morena y una cabellera llena de rizos abultados, un perfil muy agradable y ojos oscuros que me vieron mirándola. Al instante a ella se le tiñeron las mejillas de color durazno y miré hacia otro lado. El profesor comenzó su clase y esperaba que “la chica mala” y su amiga de cabello bonito no hicieran nada ya que su apariencia me hizo creer eso, pero muy por el contrario anotaban con dedicación y parecían estar totalmente concentradas en la clase. Comencé a ocuparme de unos papeles que el profesor necesitaba y así pasó rápidamente la hora. En cuanto tocó el timbre para el descanso todos huyeron prácticamente del aula y el profesor se acercó a ver mi trabajo ya que estaba sentado en la mesa mientras él explicaba de pie. –Muy bien Terrence, sabía que serías el único que me serviría en esta ayudantía –sonrió haciendo que se marcaran las arrugas alrededor de sus ojos azules. –Gracias señor –asentí y realmente me sentía honrado de su cumplido ya que a ninguno se los hacía, aun cuando yo era el mejor de mi generación. –Quiero que comiences desde la próxima clase a hacer la clase tú mismo –abrí los ojos con sorpresa, realmente no me sentía muy preparado–. Esa cara, jovencito –soltó una risa ronca–, no te preocupes, yo te apoyaré siempre que lo necesites y a veces seguiré yo la clase si te cuesta mucho. Para el viernes sería prudente que traigas algo sobre que son y cómo se hacen las reseñas y las críticas. –Sí profesor, gracias por esta oportunidad –me paré guardando mis cosas–. Nos vemos el viernes –tomé mi bolso y caminé a la puerta. –Adiós Terrence –dijo antes que cerrara la puerta detrás de mí. Caminé por el pasillo exterior techado para ir a mi próxima clase y por el rabillo del ojo pude ver a ambas chicas que habían llamado mi atención. Ahora tenía un seminario de Lingüística aplicada junto con Evina y Oliver, corrí por los pasillos y justo entre al aula cuando el profesor iba entrando. *** Narra Aremi: A penas entré a la biblioteca no pude evitar no sentirme emocionada, realmente amaba este trabajo y si pudiera quedarme metida entre todos esto libros para el resto de mi vida lo haría con mucho gusto además que de por sí ya era bonita la biblioteca de Brown. Era una planta gigante y de altura considerable, de concreto pintado de color naranja suave, con ventanas alargadas por donde estaba la luz magistralmente, poseía candelabros que le daban un aspecto antiguo y en especial por cómo estaba decorado todo al estilo victoriano, las repisas eran altas, de madera oscura, y talladas hermosamente. A los extremos estaba todas y entre los libreros horizontales había mesas de trabajo en las cuales se sentaba los estudiosos por horas con la nariz metida en algún libro. –Buenas tardes Jaime –saludé al bibliotecólogo que era nuestro jefe. Era un hombre alto y no tan corpulento, de cabello oscuro y de sonrisa gentil. Solía ser muy comprensivo y aplicado en su materia. –Buenas tardes Aremi –sonrió. –Cat aun no llega, pero ya sabes que su facultad queda más lejos. ¿Podrías ordenar las cosas con el carrito? –Sugirió. –Bien –dejé mi mochila en donde él estaba sentado viendo algo de la documentación. Era un mesón en forma de aro que estaba en medio de toda la biblioteca y allí solíamos estar documentando o prestando libros al cuerpo estudiantil o profesor, teníamos una computadora que a pesar de ser antigua era muy veloz y a veces manteníamos algún que otro libro que alguno estaba leyendo en los tiempos que no había que ordenar u organizar. Tomé el carrito y comencé a recoger los libros que la gente dejaba sobre las mesas de estudio, no eran demasiados así que volví rápidamente al mesón y allí ya estaba Catherine Campbell o más conocida como Cat, la hermana mayor de Aurora. Aunque la verdad no se parecía a ella menos en la nariz, era imposible confundir era nariz respingada en cualquier parte, sus ojos eran oscuros a diferencia del verde de Aurora y su cabello era oscuro siempre atado en una coleta alta, eran de contextura delgada al igual que su hermana, pero era mucho más alta que Aurora, sacándome a mí una cabeza de diferencia –ya que con Aurora teníamos la misma estatura–. Tenía veintiuno y estudiaba medicina. Aun me preguntaba por qué le gusta tanto trabajar en la biblioteca siendo que era una apasionada por la ciencia. –Aurora te manda saludos, –dije en cuanto estuve a su lado. –Es una ingrata, debería venir a verme ella –dijo mientras rebuscaba en su mochila algo. –Ahora tenía turno en la tienda de discos –dije con una risa. Realmente su hermandad era a base de insultos y reclamos, aunque en el fondo se querían. A veces me daban ganas de tener un hermano o hermana, pero Aurora y Cat se habían transformado en algo así desde que tenía doce, así que no me podía quejar. –Es bueno que esté en ese trabajo, así tranquiliza a mamá y papá, –suspiró con una media sonrisa. –Además le gusta –sonreí. –Exacto. Pasaron unos segundos y dejó un libro sobre la mesa sorprendiéndome. Era mi libro. –Fírmalo por favor. –Claro –reí tomando un bolígrafo y poniéndole dedicatoria junto con mi firma. –¿Sabes cuánto costará esto cuando seas famosa? –Preguntó con una mirada vivaz y sólo reí. Podía ser muy cómica cuando quería. Pasamos toda la tarde entre papeleos y ordenando libros hasta que llegó Jaime a las ocho diciendo que nos podíamos ir. –¿Tocaran el viernes? –Le pregunté a Cat que me estaba acompañando mientras salíamos del campus. –Claro –dijo entusiasta. Ella con sus amigos más cercanos tenía una banda llama “Stars and Moon” que tocaban algunos covers de bandas indie o rock, aunque ya estaba componiendo sus propias canciones. Cat era la baterista, bastante buena y me encantaba verla tocando ya que dejaba de ser Cat y simplemente era una estrella más. –Genial, ya sabes allí estará Michelle ya que tiene turno con nosotras, –le moví las cejas inquisitoriamente y ella solo con una risa negó con la cabeza. –Ya sabes que pienso al respecto –susurró. Me quedé un momento en silencio y no pude guardar mi enojo. –Sabes me indignas Cat. Saliste del clóset hace más de cinco años y si tuviera una moneda por cada suspiro que escucho de parte de ella cuando tocan, sería millonaria –solté–. A mí me gustaría que una persona lo hiciera por mí. Ella solo rió asintió con la cabeza antes de despedirse. –Cat, no he tenido nada serio de hace dos años y mi cuerpo se comienza a sentir necesitado de afecto –dije con tono frustración junto con broma–. Vamos Cat te mereces ser feliz –me acerqué y la abracé. Ella me correspondió el abrazo. –Lo pensaré –soltó con desgano. –Bien –salté ante mi casi victoria, pero era mejor que nada–. Serían una pareja perfecta, ambas doctoras además que Michelle es muy buena. Así también nos mantendría a Aurora cuando termine loca con sus pacientes y a mí cuando dejen de publicar mis libros por malos –reí. –Ya enana, nos vemos mañana –soltó una risa y se fue. Casi corrí al edificio ya que el frío era horrible y tenía miedo que si llegaba Aurora antes que yo quemara la cocina por hacer ensalada. Subí hasta la planta cuatro en asesor y entré al 204. A pesar que no era muy espacioso tenía todo los que necesitábamos. Una cocina decente, un espacio para la mesa grande, una sala de estar, un baño y dos habitaciones además de un pequeño balcón que servía para colgar la ropa. Todo por dentro me encantaba ya que la decoración la había escogido y todo era onda vintage y minimalista. Entré a la cocina la cual todo era combinado con los colores rojo, blanco y n***o. Preparé rápidamente spaghetti con salsa boloñesa y escuché la puerta como se abría. –Ya llegué –dijo alto Aurora. –Está listo –grité de vuelta y se asomó por la puerta. –Estoy muerta de hambre –sonrió mientras se sentaba y servía los platos. Me senté frente a ella en la mesa americana que estaba a un lado de la cocina con dos sillas altas y comimos.
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