Capítulo 1: Logros
Narra Aremi:
Todavía podía recordar con gran felicidad y a detalle el momento en el cual recibí ese bendito mail hace un par de meses. Decía: “Estamos muy contentos de informarle que su manuscrito ha sido aceptado por la Editorial Neptuno y será publicado dentro de dos meses…”, eso pasó cuando faltaba un mes para graduarnos y me hacía sentir increíblemente satisfecha. Recuerdo como corrí la mitad de la secundaria buscando a mi mejor amiga que estaba en su clase de Filosofía y gritarle con todas mis fuerzas en cuanto la vi salir “la editorial lo aceptó”.
Todo parecía tan surrealista que ni yo me lo creía y a veces tenía que revisar la bandeja de mensajes en mi portátil para confirmarme que sí, que realmente sería publicado mi libro en el cual había trabajado por dos años completos.
Cuando realmente pensaba que la vida no me podía sorprender más, llegó la carta con la respuesta de sobre mi postulación a Brown Univesity, una de las mejores universidades de los Estados Unidos y justo aquí, en Provindece, Rhode Island. Aurora Campbell, mi mejor amiga, también había postulado solo que ambas a diferentes carreras, ella psicología y yo licenciatura en lenguas y literatura. Ella vino corriendo a mi casa con la carta en sus manos y sin abrir, igual que yo -ya que había acordado abrirlas juntas-. Creo que los gritos se escucharon por toda la manzana ya que lo había logrado, a ambas nos habían aceptado.
Eran demasiadas cosas buenas para solo un año y aquí estábamos con Aurora en nuestro departamento que manteníamos con nuestro trabajo de medio tiempo y llevando dos semanas en la universidad. Ya nos habíamos adaptado a nuestra rutina.
–¿Qué turno tienes hoy en la tienda de discos? –Pregunté mientras tomábamos desayuno en la cocina con Aurora.
–Hoy es miércoles, así que lo más posible es que cerremos a las ocho –respondió una vez que tragó lo que sea que estaba comiendo en ese plato.
–Bien, cenemos juntas y así a las diez estaremos en el club –sugerí y ella asintió. Miré la hora y eran las nueve–. Aurora, ¿a qué hora tienes clases?
–A las nueve y treinta –balbuceó. Sus ojos estaban entrecerrados y masticaba con lentitud, estaba muerta de sueño.
–Bien es hora de irnos –indiqué y al ver que no había respuesta de vuelta, una idea cruel pasó por mi cabeza–. ¡Vamos tarde! –grité y golpeé la mesa con mis manos haciéndola saltar.
No pude no evitar reír con todas mis ganas al verla enojada y asustada.
–No te reirás tanto cuando me dé un maldito paro cardíaco y nadie te ayudará a mantener el departamento. –Me riñó, pero me fue imposible parar de reír.
–¿Sabes que te amo? –Me reía con inocencia y la intenté abrazar.
Ella frenó mis manos y pasó a mi lado para dejar su plato en el fregadero. Me dirigí a la puerta y tomando mi mochila con cuaderno, esperé a que se asomara. En cuanto apareció, me di cuenta que llevaba un jersey verde opaco que combinaba con sus ojos y hacia resaltar su cabello rosa brillante.
–Vamos, –dije abriendo la puerta.
Lo mejor de la ubicación de nuestro departamento era que quedaba a solo diez minutos caminando al campus de la universidad. El otoño ya se hacía sentir y me estaba arrepintiendo de no imitar a mi amiga y no haber traído un jersey para mí.
–¿No vemos a la hora de almuerzo? –Me sonrió.
–Claro, en la mesa de siempre.
–Bien, nos vemos. –Besó mi mejilla antes de irse con tranquilidad al lado del campus que correspondía a Psicología y menos mal que estaba al lado del mío que era el de humanidades.
La primera clase que tenía era introducción a la teoría literaria, por menos tenía a unos compañeros que hacían que mi inspiración no muriese con la voz del profesor que era tan baja y aburrida. Caminé por los pasillos hasta entrar al aula y me senté en la segunda fila ya que mi beca dependía de calificaciones sobresalientes. Aún quedaban unos minutos para que comenzara la clase y comencé a preguntar si Cyrene y Nath vendrían.
–Sabes que me encanta tu look de chica ruda, –escuché la voz de Nath al lado de mi mesa.
–Lo sé, –reí y besó mi mejilla–. Tú también eres un chico rudo, –agregué mientras se sentaba a mi lado.
–Lo sé, lo sé, –dijo con fanfarronería fingida mientras se pasaba una mano por su cabello rubio y posaba.
Rodé los ojos y la verdad no me equivocaba, sus tatuajes, forma de vestir y ojos azules lo hacían totalmente un chico malo y peligrosamente guapo.
–¿Vendrá Cyrene? –Pregunté ya inquietándome porque no llegaba y la mesa que estaba mi otro lado la ocuparía cualquier idiota.
–Sí, pero con lo despistada que es probablemente venga tarde, –respondió Nath y tenía bastante razón.
La dulce, tímida y despistada Cyrene. La conocí el primer día de clases y sin querer nos sentamos los tres juntos, tal vez el destino o no sé, pero siempre recordaré lo torpe que se comportó cuando supo que yo era la escritora del libro que estaba leyendo, casi le da un ataque de ansiedad. Creo que “El suspiro de Drieden” estaba siendo más famoso de lo que nunca pensé.
Por la puerta entró una chica afroamericana con el cabello con rizos muy abundantes y unos ojos chocolates brillantes, ahí estaba nuestra Cyrene.
–Hola chicos, me quedé dormida –dijo con una sonrisa y se sentó rápidamente a mi lado derecho.
–Te lo dije, –murmuró Nath cerca de mi oído y yo solo reí.
Escuchamos un portazo y todos automáticamente dimos vuelta la cabeza hacía la puerta, ya había llegado el profesor. El señor Williams era conocido por su mal carácter, a pesar que parecía afable por su cabello blanco y apariencia de abuelo no lo era para nada. Era un metro y ochenta centímetros de pura disciplina y conocimientos sólidos.
–Buenos días alumnos y alumnas. –Saludó dejando su maletín sobre su escritorio.
–Buenos días, –dijimos al unísono toda la sala.
–Bueno comenzaremos en lo que nos quedamos la clase pasada, ¿cómo se construye la palabra literatura? –Se detuvo cuando se escuchó unos suaves golpes en la puerta. Caminó y abrió la puerta con una sonrisa–, justo a tiempo señor Terrence.
Se hizo a un lado y dejó pasar a un chico. Era alto lo bastante como para sobrepasar al profesor Williams, cabello castaño corto y bien peinado, de perfil griego, no pude notar de qué color eran sus ojos desde mi puesto ya que llevaba gafas cuadradas y con gran estilo a su rostro triangular por cómo se marcaba su mandíbula. Llevaba una camisa celeste que se veía por el borde de su jersey azul oscuro, vaqueros y zapatos cafés.
Nos dedicamos una mirada con Cyrene y le gesticulé con mis labios “guapo”, ella asintió y al instante sus mejillas se adornaron de un color durazno adorable.
–Él es Patrick Terrence, será mi ayudante por este semestre, él va en tercer año de la carrera y sabrá ayudarles a todos si tienen alguna duda. –Informó y siguió su clase exponiendo en el proyector sobre que los comienzos de la literatura y cosas por el estilo.
Tomé notas y apuntes con mucha dedicación ya que me estaba jugando mi futuro. Gracias a Atenea el timbre sonó y tendríamos un corto receso antes de la otra clase, lingüística general con el profesor Lander que realmente cada clase me convencía un poco más de inclinarme por la lingüística que por la literatura.
Salimos los tres al patio a esperar a que tocaran el timbre para entrar de nuevo a clases. El día estaba nublado y el viento corría de un lado a otro. Maldición, ¿por qué rayos no traje nada más abrigado que el suéter azul que llevaba puesto? Saqué de mi mochila una caja de cigarrillos y vi como Cyrene me miró mal.
–Vamos es solo uno o dos, ya lo sabes, –dije mientras me ponía el cigarrillo en la boca y le ofrecía uno a Nath que aceptó gustoso.
–Se supone que eres fumadora en rehabilitación, –regañó mientras se sentaba indignada a nuestro lado en donde no le llegara el humo.
–Lo sé, pero sabes que puedo dejarlo cuando quiera, –murmuré con el cigarrillo en la boca.
La verdad es que fumaba desde los quince y en cierta época de mi vida llegué a fumar diez cigarrillos al día, a pesar que no era tanto como otras personas, si era mucho para ser solo una adolescente. Dejé de fumar por ocho meses y me di cuenta que el vicio era totalmente controlado, así que autodenominé “fumadora en rehabilitación y controlada”, a pesar que si fumaba no me era un vicio y servía para relajarme.
Vi salir a tal Patrick por el pasillo exterior techado a unos metros de nosotros y meterse al otro edificio.
–Es guapo –dije y le sonreí a Cyrene a quien también le había gustado.
–Aremi, tú encuentras bonito a todo lo que se mueva –dijo Nath en tono indignado, pero en broma.
–Oye, ser bisexual no me transforma en algo que se quiera enrollar con cualquiera, tengo estándares, por Dios. –Fingí indignación y reímos todos.
–¿Cómo va la segunda parte del “Suspiro de Drieden”? –Preguntó Cyrene quien era una mega fan del primer libro.
–Avanzado de a poco, aun mi agente no me dice con certeza como han sido las ventas, así que no es nada seguro –exhalé el humo–. Aunque las críticas contra todo pronóstico han sido muy buenas.
–La otra vez vi a una youtuber hablar de tu libro y le encantó, –comentó Nath.
–La verdad no me esperaba que fue tan buena la recibida a otro libro de fantasía después de los muchos que hay –susurré y justo tocó el timbre para que fuéramos a la otra clase.
***
Estaba sentada en una mesa de la cafetería junto con Cyrene y Nath mientras esperaba por Aurora. A pocos minutos apareció por unos de los pasillos con una chica de cabello azul, con expansiones y ropa totalmente colorida. No la había visto nunca ya que en las dos semanas que llevábamos en clases mi mejor amiga me había dicho que no podido llevarse bien con nadie porque la gran mayoría eran estúpidos poco serios o estaban locos.
–Hola chicos –saludó general a la mesa–, ella es Sarah McCaan, una compañera –presentó.
–Hola Aremi –sonreí saludándola con la mano. Ella saludó de vuelta alegre.
Los demás se presentaron y por fin todos nos sentamos a comer.
–¿Qué hiciste de comer mamá Aremi? –Preguntó Aurora a mi lado mientras miraba esperanzada lo que sea que sacara de mi mochila.
–Hice emparedados de pollo cocido con palta, –respondí y ella me miró con ojos brillantes.
–Te amo –dijo besando mi mejilla y sacando el suyo.
–Y jugo de naranja –saqué dos botellas de mi mochila.
–Realmente pareces una mamá –rió Nath.
–Es la mejor mamá del mundo –se lanzó a abrazarme Aurora.
–Es solo porque te alimento –la miré con indignación y reí.
Pasamos toda la hora de almuerzo riéndonos y bromeando, miré la hora y ya iban a ser la dos y me tocaba turno en la biblioteca. Para mantener mi estancia en la universidad y poder comer, trabaja medio turno en la biblioteca de la universidad ya que todo mi verano había aprendido lo básico en documentación. Aunque a pesar que el sueldo de medio tiempo no era malo, no era suficiente y las noches trabajaba con Aurora en un club muy conocido entre los universitarios llamado “El rincón de los nocturnos” como barwoman. Sabía muy bien que nos serviría el curso que tomamos en el verano con Aurora, y en cuanto nos presentamos y el dueño no hizo una prueba le encantamos, además que le servíamos para atraer al público masculino según él.
–Chicos me tengo que ir, tengo turno en la biblioteca así que me tengo que ir –informé y me puse de pie.
–Bueno, nos vemos en la cena –sonrió Aurora. –Dale saludos a Cat de mi parte.
–Okay, nos vemos –dije pensando en la hermana mayor de Aurora que fue quien me ayudó a conseguir el trabajo.
–Adiós –dijeron a coro y me fui.