El día que Javier me pidió, por vigésima quinta vez, que nos separáramos, ya estaba cansada de su juego. Me afectaron sus frecuentes separaciones, cada vez era peor. Llegué a considerar cierta la bipolaridad de su personalidad. Por mucho que trataba de aparentar que todo estaba bien, la realidad era otra. Él jugaba conmigo psicológicamente y eso me tenía desesperada. Decidía que sería la última vez pero de nuevo regresaba con él. Ya era más por servilismo que por otros motivos. - No seas dura contigo misma —Dijo Tiby tratando de ayudarme a sentir mejor. - Es que no lo entiendes —Me sentía frustrada— No consigo la forma de alejarme, ¡es una maldita adicción! - Debe haber alguna brujería —Colocó una mano en su mentón— No lo sé ¿Qué tal si intentas visitar a una bruja? —La miré incrédula

