Al salir de casa junto a Richard y Goyi, me preguntaba cómo es que mi vida había cambiado tanto en tan poco tiempo. Cómo es que terminé metida en una “relación” que me hacía la vida a cuadros pero que a la vez me resultaba tan complicado terminar con ella sin acabar sumergida en un hoyo sin salida. - Oye, Condita —Gregorio interrumpió mis pensamientos— ¿Te parece bien si vamos a mi refugio zen? - ¿”Vamos”, quiénes? —Pregunté curiosa. - Obvio que los cuatros —Me miró por el espejo retrovisor— ¡Dah! - No me digas ¡dah! porque tú dijiste que Javier lo convertiría en un refugio de tortura —Espeté. - ¡Es cierto pero sabes que siempre tengo un Az bajo manga! —Me guiño un ojo. - Si tú lo dices… —Crucé los brazos— ¡Luego no te quejes! - Tranquila, al llegar a la casa de Javier te explicaré

