Una vez en la habitación los nervios se me van disipando, cuando ella toma el control logra hacerme perder los estribos, me besa con mucha pasión, sus manos rodean mi cuello y por algunos momentos mete los dedos por debajo de mi cabello haciéndome erizar por completo. Me empuja hasta hacerme caer sobre la cama y sonríe de manera traviesa, yo ya estoy duro y los pantalones me incomodan cada vez más, se empieza a desnudar sola, sus ojos negros brillan, está realmente bella. Se sube sobre mi regazo y empieza a desapuntarme botón por botón despacio, aunque de cierta manera me tortura a su ritmo, la dejo ser, yo también he llegado a ser cruel con ella y me he aprovechado de su ansia y deseo para ampliar la agonía del placer. Esa noche no tardamos en unirnos y gozar de nuestra intimidad, Amel

